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Conchi Basilio
 

La humanidad perdida
Conchi Basilio. 28.10.25 Ampliar
Vivimos en un tiempo en el que, el ser humano parece haber olvidado lo que significa “ser humano”. El individualismo se ha convertido en el nuevo dogma, y la indiferencia en la moneda de cambio con la que se paga la convivencia. Cada uno mira por lo suyo, y el resto, los otros, los cercanos, los que sufren o los que simplemente necesitan compañía, quedan relegados a un segundo plano, como si su existencia apenas contara. Como escribió Francisco de Quevedo: “Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además, también lo son la mitad de los que no lo parecen”.
La sociedad se ha vuelto más fría, más egoísta, más ensimismada. Las pantallas han sustituido los abrazos, los mensajes instantáneos han ocupado el lugar de las conversaciones sinceras, y la prisa ha arrasado con la ternura. Cada vez hay más personas viviendo solas, sin nadie que se preocupe por ellas, sin una voz que les pregunte cómo están o un gesto que les haga sentir visibles. En demasiados hogares, la soledad convive con el silencio.
Ni siquiera la familia, que antaño era un refugio, logra mantenerse al margen de esta deshumanización. Se vive bajo el mismo techo, pero en mundos separados. Cada uno pendiente de su propio dispositivo, de su burbuja digital, de su vida paralela. Hemos creado un universo donde la inmediatez vale más que la reflexión, y donde los sentimientos se reducen a emoticonos. El calor humano ha sido reemplazado por conexiones efímeras, vacías de contenido y de alma.


Absurdo cambio de hora
Conchi Basilio. 24.10.25 Ampliar
Cada seis meses, como de un ritual arcaico se tratara, nos enfrentamos al sin sentido del cambio de hora. Una práctica que, lejos de aportar beneficios reales, sigue impuesta por pura inercia burocrática. La pregunta es inevitable ¿qué demonios estamos esperando para abolir de una vez esta tontería?
El cambio de hora nació con la excusa del ahorro energético. Pero en pleno siglo XXI, con tecnología de iluminación eficiente y hábitos laborales completamente distintos a los de hace décadas, este argumento hace aguas por todas partes. Numerosos estudios han demostrado que el supuesto ahorro es insignificante y que, en cambio, los efectos negativos son evidentes: alteraciones del sueño, reducción de la productividad, aumento de accidentes de tráfico y problemas de salud en personas vulnerables.
Es decir, nos obligan a trastocar nuestro reloj biológico, afectando al bienestar de millones de personas, solo para mantener una tradición obsoleta que ya no cumple 
ninguna función útil. Cada vez que llega el cambio de hora, medios de comunicación, empresas y ciudadanos entran en el debate de siempre, ¿se adelanta o se atrasa?¿dormimos más o menos?¿se nos hará de noche antes o después? 

La salud en la lista de espera
Conchi Basilio. 09.10.25 Ampliar
Durante décadas, España presumió de tener uno de los sistemas sanitarios públicos más sólidos y admirados del mundo. Hoy, sin embargo, la realidad es muy distinta, las listas de espera se alargan durante meses, los profesionales se agotan y miles de ciudadanos terminan pagando seguros privados, quién puede, para acceder a la atención que ya financian con impuestos. Lo que muchos viven como un deterioro repentino es, en realidad, la consecuencia de un proceso de erosión lenta que comenzó hace más de quince años.
El punto de inflexión se remonta a la crisis económica de 2008. El Estado, asfixiado por el déficit, aplicó políticas de austeridad que afectaron a todos los servicios públicos, incluida la sanidad. En los últimos años del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, los presupuestos sanitarios empezaron a congelarse, se redujeron plantillas y se paralizaron nuevas contrataciones. Fue el inicio de un camino que, poco después,  se convertiría en un recorte sistemático.
Con la llegada de Mariano Rajoy en 2011, las tijeras se hundieron hasta lo más hondo. En 2012, el Real Decreto-Ley 16/2012 cambió el modelo sanitario español, se restringió el acceso gratuito a inmigrantes sin papeles, se introdujeron copagos farmacéuticos y se redujeron los presupuestos autonómicos entre un 10 y un 15%. Entre 2010 y 2014 el gasto sanitario público cayó en casi 9.000 millones de euros.

El disfrad permanente
Conchi Basilio. 07.10.25 Ampliar
En todas las sociedades existen personas que, por conveniencia o costumbre, fingen. Pero hay un tipo humano más inquietante y frecuente de lo que se conoce, aquellos que no solo mienten ocasionalmente, sino que han hecho del cinismo y la hipocresía su modo habitual de vivir. No hablamos aquí de pequeños disimulos sociales, algunos inevitables en la vida cotidiana, sino de una forma de existir basada enteramente en la doblez, el cálculo y la apariencia.
Según un estudio de EEUU en el año 2020, aproximadamente el 63% de los adultos admiten haber fingido emociones o actitudes contrarias a las reales en contextos laborales o sociales, al menos una vez a la semana. Pero lo más alarmante es que un 12% lo hace diariamente y de forma sistemática. Esto indica que hay un porcentaje nada despreciable de personas que han normalizado la disociación entre lo que piensan, sienten y expresan.

La indefensión digital
Conchi Basilio. 03.10.25 Ampliar
La tecnología ha transformado nuestra vida cotidiana con una rapidez que a veces resulta difícil de asimilar. En teoría, debería estar al servicio de las personas, facilitarnos la comunicación y mejorar nuestra calidad de vida. Sin embargo, demasiadas veces ocurre lo contrario, la tecnología se convierte en un espacio donde reina el abuso, la intromisión y la falta de protección. El ciudadano de a pie se ve obligado a convivir con un conjunto de problemas que van desde las llamadas comerciales constantes hasta los insultos anónimos en internet, pasando por los contestadores automáticos que sustituyen a la atención humana y la suplantación de identidad en redes sociales. Un mismo hilo une todos estos fenómenos , la sensación de indefensión y la ausencia de normas eficaces que pongan freno de una vez por todas a estas prácticas.
Uno de los ejemplos más molestos y persistentes son las llamadas comerciales no deseadas. A pesar de que la ley reconoce el derecho a no recibirlas sin consentimiento, en la práctica suenan a cualquier hora del día, desde números ocultos o internacionales, y siempre con la misma insistencia. Muchas proceden de call centers ubicados fuera de nuestras fronteras, lo que hace aún más difícil su control. El ciudadano puede inscribirse en la Lista Robinson o bloquear números, pero las empresas encuentran la manera de saltarse las reglas. Lo que debería estar prohibido sigue ocurriendo cada día, generando la sensación de que el derecho a la tranquilidad personal vale menos que el interés comercial.


La indignidad no caduca con la edad
Conchi Basilio. 30.09.25 Ampliar
España vive un momento de incertidumbre social y económica que afecta de lleno a la ciudadanía. Cada vez se percibe con más claridad que la sanidad pública, en lugar de reforzarse, parece encaminarse a un debilitamiento calculado que empuja a muchos a contratar un seguro privado. Sin embargo, esa alternativa no está al alcance de todos. La vida sube, los precios no dejan de crecer y, mientras tanto, los salarios se mantienen prácticamente congelados.
La juventud es una de las principales víctimas de esta situación. Emanciparse antes de los 30 o 35 años se ha convertido en un lujo reservado a unos pocos. La mayoría no puede acceder ni a un alquiler ni a la compra de una vivienda, lo que retrasa proyectos vitales tan básicos como formar una familia o simplemente vivir de manera independiente. A esta realidad se suma un hecho incuestionable, en los últimos cinco años, la cesta de la compra ha subido al menos un 50%. Comer no es un privilegio, sino una necesidad básica, pero la brecha entre ingresos y gastos se agranda de forma alarmante. Pretenden que no lo veamos, pero la sociedad no es ingenua, lo sentimos en cada factura, en cada visita al supermercado, en cada búsqueda infructuosa de vivienda.


El precio de no pensar y contrastar
Conchi Basilio. 27.09.25 Ampliar
En los últimos años asistimos a un fenómeno inquietante, una parte de los jóvenes, no solo en España sino también en muchos otros países, está retrocediendo hacia posiciones del pasado, extremas. No lo hace, en la mayoría de los casos, por un análisis profundo de la realidad, ni por un estudio serio de la historia, sino movida por mensajes simples, emocionales y en apariencia contundentes que circulan en redes sociales y foros digitales, sin pararse a pensar y razonar correctamente.
El resultado es que chicos y chicas, de dieciséis y diecisiete años, incluso más, repiten consignas cargadas de intolerancia, como si retrocediésemos dos siglos atrás. 
Lo que más duele es comprobar que esos mismos jóvenes ignoran, que los derechos de los que hoy disfrutan, libertad de expresión, igualdad, educación pública, acceso a sanidad universal, no son regalos caídos del cielo, sino conquistas arrancadas con lucha, esfuerzo y sacrificio por generaciones anteriores.


Cuando la salud se convierte en lujo
Conchi Basilio. 23.09.25 Ampliar
La pregunta es inevitable. ¿hasta cuándo vamos a esperar para que la sanidad pública recupere la dignidad que merece? Porque lo que estamos viendo no es un simple deterioro, sino un abandono deliberado. Se recorta en médicos, es especialistas, en enfermeras, no se cubren las jubilaciones, y cada vez que se marcha un profesional, parece que el sistema aprovecha para dejar vacante su puesto, como si los pacientes desaparecieran con él.
El dinero existe, que nadie lo dude, España no es un país pobre, pero los presupuestos se desvían hacia partidas que no responden a las necesidades reales de la gente. Mientras tanto, se normaliza lo impensable, listas de espera interminables, hospitales saturados y una derivación progresiva hacia la sanidad privada. Esta estrategia comenzó con el gobierno de Mariano Rajoy, que ya promovió la externalización y el “que cada cual se pague un seguro”. Pero lo más grave es que ningún gobierno posterior ha corregido la deriva. Se está dejando morir la sanidad pública, lenta pero inexorablemente.

Del portal al mundo
Conchi Basilio. 16.09.25 Ampliar
Hay una verdad incómoda que rara vez nos gusta reconocer, lo que somos como sociedad se refleja, de forma cristalina, en lo que somos en lo más cercano. Una comunidad de vecinos, por ejemplo, no deja de ser una maqueta en miniatura de un país, con sus normas, acuerdos y responsabilidades compartidas.
Sin embargo, en demasiados edificios, las reglas se ignoran, los acuerdos se rompen y el bien común se sacrifica en favor de intereses personales. El resultado es conocido, conflictos, resentimientos, falta de confianza y un ambiente enrarecido donde cada uno mira solo por lo suyo.
La pregunta es inevitable, si no somos capaces de respetar las normas básicas que sostienen la convivencia con quienes tenemos pared con pared, ¿cómo vamos a gobernar un país? Y, más aún, ¿cómo vamos a colaborar entre naciones para afrontar problemas que exigen cooperación global?

Si respeto no hay futuro
Conchi Basilio. 12.09.25 Ampliar
En pleno siglo XXI, cuando creíamos que la igualdad había alcanzado un punto de no retorno, asistimos con preocupación a un fenómeno inquietante, una parte de la sociedad está tratando de frenar o incluso revertir los avances logrados por las mujeres durante décadas. Lo que parecía consolidado, el reconocimiento de derechos, la participación en todos los ámbitos y la posibilidad de decidir sobre la propia vida, vuelve a ponerse en entredicho.
No es casualidad, cada paso hacia delante de la mujer ha supuesto una pérdida de privilegios para quienes, durante siglos se habían beneficiado de la desigualdad. Y, como ocurre tantas veces en la historia, esa pérdida provoca miedo, resistencia y un intento de restaurar el orden anterior. Así emergen discursos que, disfrazados de libertad de expresión o de “opiniones diferentes”, no son otra cosa que un regreso al machismo más crudo.

Privilegios a la carta
Conchi Basilio. 09.09.25 Ampliar
La economía española arrastra desde hace décadas una herida abierta, el doble rasero fiscal entre quienes tienen mucho y quienes apenas tienen lo justo para vivir. Mientras el ciudadano de a pie paga religiosamente el IVA cada vez que llena el carrito de la compra, abona el IRPF cada mes en su nómina y soporta el incremento de impuestos indirectos que encarecen la luz, la gasolina o el alquiler, las grandes fortunas diseñan estrategias complejas para pagar lo mínimo posible.
El mecanismo es bien conocido, entramados societarios, filiales en paraísos con fiscalidad muy reducida, fundaciones que apenas dejan rastro, e incluso la vieja práctica de deslocalizar beneficios hacia paraísos fiscales. Todo ello con un resultado concreto, la recaudación del Estado se sostiene sobre la espalda de la mayoría, mientras quienes más podrían contribuir a sostener el sistema encuentran la manera de escabullirse. Estrategias con traje y corbata.

Condonación o carga compartida
Conchi Basilio. 05.09.25 Ampliar
El Gobierno de España ha aprobado recientemente la mayor condonación de deuda autonómica de nuestra historia, más de 83.000 millones de euros que desaparecen de las cuentas de las comunidades y pasan a engrosar el pasivo del Estado central. La primera reacción parece lógica, un alivio para los territorios, que se libran de una pesada losa. Pero la pregunta de fondo es otra, ¿Quién paga, al final, esa deuda que no se borra, sino que solo cambia de lugar?
Con esta quita, comunidades como Andalucía, Cataluña o Comunidad Valenciana reducen miles de millones sus compromisos financieros. Asturias, por ejemplo, verá desaparecer 1.508 millones de euros, un 36% de su deuda, lo que permitirá ahorrar unos 30 millones anuales en intereses. Esto se traduce en más margen presupuestario para destinar a sanidad, educación, dependencia o vivienda. En términos prácticos, menos intereses y más servicios.
También hay un beneficio intangible, la credibilidad. Las comunidades salen de los números rojos más extremos y pueden negociar financiación en los mercados en mejores condiciones. El castigo de la crisis de 2008 – 2013, que dejó a las autonomías enganchadas a mecanismos extraordinarios como el Fondo de Liquidez Autonómica, se reduce de golpe.

El verdadero combustible de los incendios
Conchi Basilio. 02.09.25 Ampliar
Cada verano, España vuelve a vivir la tragedia de los incendios forestales. En cuestión de días, miles de hectáreas quedan reducidas a cenizas, se ponen en riesgo pueblos enteros y se destruyen ecosistemas que tardarán décadas en recuperarse, si es que llegan a hacerlo. Y, como siempre, surge la misma pregunta, ¿Quién tiene la culpa?
Para algunos, el problema se explica por la acción de pirómanos. Otros señalan directamente al cambio climático como responsable absoluto. También hay quienes culpan a las leyes contradictorias que generan más obstáculos que soluciones. Todas estas explicaciones contienen parte de verdad, pero ninguna por sí sola basta para comprender la magnitud del problema. La realidad es que los incendios forestales en España son el resultado de un conjunto de causas interrelacionadas, y entre ellas hay una especialmente preocupante, la falta de gestión real por parte de las comunidades autónomas.


Vivir, misión imposible
Conchi Basilio. 29.08.25 Ampliar
En los últimos años, la vida cotidiana en España se ha encarecido de forma alarmante. Alimentación, suministros, transporte, alquileres y vivienda han subido cerca de un 30% en apenas un cinco años. Sin embargo, los sueldos y las pensiones no han seguido ese mismo ritmo. La subida de las pensiones en 2024 fue de apenas un 2,8%, digo apenas, puesto que el líquido a cobrar, restando los descuentos es menos, todo ello muy lejos de la inflación real que perciben los hogares cuando hacen la compra o pagan la factura de la luz. En los salarios ocurre lo mismo, los incrementos medios han quedado por debajo de la carestía, con lo que el poder adquisitivo se erosiona día a día, pero aún están por llegar más subidas en todo, puesto que la situación geopolítica, las guerras y el mandato del presidente de Estados Unidos, seguro que complicará mucho más la situación.

El precio de no prevenir
Conchi Basilio. 25.08.25 Ampliar
Cada verano, España vuelve a contar sus heridas en hectáreas quemadas, pueblos evacuados y ecosistemas destruidos. Este 2025 no ha sido la excepción, cientos de miles de hectáreas arrasadas en pocas semanas confirman que los incendios forestales se han convertido en la gran emergencia ambiental de nuestro país. Pero lo más grave no son solo las llamas, sino la sensación de sinsentido y abandono que rodea la gestión de esta tragedia. 
La realidad es incómoda, mientras los incendios crecen en extensión e intensidad, la inversión en prevención ha caído en muchas comunidades autónomas. Y lo más grave es que algunas de ellas no hacen prevención de ninguna clase, a pesar de que reciben fondos estatales destinados específicamente a esta tarea. Los planes de limpieza, desbroce o vigilancia se reducen al mínimo, dejando los montes convertidos en auténticos polvorines a la espera del primer chispazo.

El talento no duele, ni desaparece por padecer fibromialgia

Conchi Basilio. 22.08.25 Ampliar
Durante años, a quienes padecen fibromialgia se les ha encasillado injustamente. Se les ha dicho que todo es “cosa del cerebro”, que su dolor es “emocional” o que no pueden rendir igual que antes en trabajos que requieran concentración, creatividad o toma de decisiones. Esta idea no solo es falsa, sino que también cierra puertas y genera un estigma innecesario.
La fibromialgia no es un molde único. Hay síntomas comunes, como el dolor generalizado o la fatiga, pero otros como la llamada “niebla mental”, no se presenta en todos. Incluso cuando aparece, su intensidad varía, y no significa que la persona deje de ser capaz de pensar, escribir, planificar o crear.
Reducir esta enfermedad a un estereotipo es ignorar la realidad, hay escritores, docentes, empresarios, científicos y artistas con fibromialgia que siguen ejerciendo con éxito. La ciencia ya ha dejado claro que no es “todo psicológico”.
Durante mucho tiempo, algunos profesionales miraban la fibromialgia como un problema exclusivamente mental. Hoy se sabe que existen alteraciones reales en el sistema nervioso, en la respuesta inmune e incluso posibles factores hereditarios que influyen en su aparición.

Apropiación indebida
Conchi Basilio. 19.08.25 Ampliar
A menudo dentro del entorno de trabajo, la falta de valoración, el aprovecharse de la labor de otra persona, con el único fin de llevarse los honores, causa desprestigio. También en bastantes ocasiones se menosprecia a la persona que lo ha realizado, todo esto suele pasar desapercibido y puede tener consecuencias devastadoras en muchos sentidos, puesto que a estas personas se les considera tóxicas y suelen actuar siempre a espaldas de quien, en realidad, realiza verdaderamente el trabajo.
Todo en conjunto, puede llevar a un circulo vicioso, mediante el cual el trabajador afectado no se siente valorado y a su vez, sus compañeros están en la creencia del comentario malicioso de la otra persona, lo que puede llegar a ser interpretado por los superiores como falta de compromiso o de capacidad.
El aprovechamiento del trabajo de los demás es un problema muy significativo y siempre desvalorizando a quien lo ha realizado, ya que es atribuirse el mérito de algo que ha creado otra persona, ya sea de manera intencional o no, todo esto puede ser particularmente dañino en entornos competitivos.

Sequía creativa
Conchi Basilio. 15.08.25 Ampliar
Durante años, las plataformas de streaming y los canales de televisión nos vendieron la promesa de un catálogo inagotable, siempre fresco y lleno de estrenos. Hoy, la realidad es otra, películas repetidas hasta la saciedad, que se pasan de una cadena a otra, series con más de dos décadas a sus espaldas y una parrilla que parece haberse detenido en el tiempo. Y lo peor, seguimos pagando como si nada hubiera cambiado.
Esta “sequía creativa” no es fruto de la casualidad. La industria audiovisual viene arrastrando varios golpes simultáneos, las huelgas de guionistas y actores en 2023 paralizaron la producción mundial durante meses, dejando un hueco que ahora se hace evidente. A esto se suman los recortes presupuestarios de las propias plataformas, que, en su carrera por ser rentables, han reducido drásticamente la producción de contenido original.

Cuando la honestidad no cotiza
Conchi Basilio. 14.08.25 Ampliar
La honestidad ya no cotiza en el mercado político. La justicia se interpreta según el color del escaño. El deber bien hecho parece haberse convertido en una rareza institucional, cuando debería ser la norma mínima.
En España, cada día se destapa una nueva trama, un nuevo escándalo. Políticos que predican austeridad mientras firmaban contratos millonarios con comisionistas, responsables públicos que recortaban en sanidad, en pensiones mientras desviaban fondos a paraísos fiscales, gestores que hablaban de sacrificio desde tribunas doradas mientras se enriquecían a costa del dinero de todos. Se llenaron la boca con discursos de contención, pero se llenaron los bolsillos sin pudor. Y lo hicieron, muchas veces, en nombre del “bien común”.
La pregunta, entonces, es legítima, ¿Qué puede creer hoy un ciudadano español?
La respuesta, por desgracia, se acerca peligrosamente al “nada”. La desafección política no es una moda, ni un capricho antisistema, es una reacción lógica de millones de personas que ya no se sienten representadas, que se sienten traicionadas una y otra vez, gobierne quien gobierne.

La gran estafa
Conchi Basilio. 12.08.25 Ampliar
Durante años, se nos pidió responsabilidad. Se nos exigió sacrificio, se nos decía que “vivíamos por encima de nuestras posibilidades”. Y mientras millones de ciudadanos aceptaban resignadamente recortes, congelaciones salariales y pensiones menguantes, otros desde los despachos donde se decide el rumbo económico del país, jugaban con otras reglas. El reciente escándalo que salpica al ex ministro de Hacienda vuelve a poner sobre la mesa una pregunta tan incómoda como necesaria, ¿Quién nos devuelve todo lo que nos han quitado?
Desde el año 2008 hasta hoy, el poder adquisitivo de gran parte de la población española ha sufrido un desgaste constante. Según datos del INE y el Banco de España, los salarios reales han perdido entre un 12% y un 18% de poder de compra. En el caso de los pensionistas, durante los años (2011-2018), las pensiones se revalorizaban solo un 0,25% anual, mientras el coste de vida subía muy por encima. El resultado, una ciudadanía que trabaja más, gana menos y vive peor. Una clase media empobrecida, extinguida y una juventud sin horizonte. También se hicieron recortes en sanidad, en educación, se anunciaban seguros de salud privados en todos los medios, nos llevaron hacia un callejón sin salida.

Todo por 'El qué dirán'
Conchi Basilio. 01.08.25 Ampliar
Hay heridas que no dejan cicatriz visible, pero calan hasta el hueso. Heridas que no vienen del mundo exterior, sino del núcleo más íntimo, la familia. En demasiados hogares, lo que se defiende no es la verdad ni el amor, sino la fachada. El miedo a “lo que dirán” pesa más que la empatía, más que la justicia, más que el lazo humano. Y ese daño, a menudo callado, negado o disimulado, destruye lentamente lo que no siempre se puede reconstruir, la confianza.
En muchas familias no hay gritos ni portazos. Hay algo más difícil de señalar, la omisión. El silencio cuando más se necesita una palabra. La indiferencia cuando se esperaba un gesto. El abandono disfrazado de prudencia. No se trata de conflictos entre desconocidos, sino de padres que no escuchan, hermanos que se apartan, madres que callan para no incomodar. Se convierte en traición no porque haya odio, sino porque el amor no estuvo cuando más dolía.

¿Donde está la humanidad?
Conchi Basilio. 30.07.25 Ampliar
En este momento, en el mundo, donde cada segundo se publican miles de palabras, declaraciones solemnes, discursos políticos y promesas huecas, la pregunta que resuena con una fuerza brutal es una sola, ¿Dónde está la humanidad?
No esa que figura en los diccionarios como el conjunto de seres humanos, sino la otra, la esencial, la que se expresa en el cuidado del otro, en la compasión activa, en la justicia concreta. Esa humanidad parece estar, hoy, gravemente amenazada.
Vivimos rodeados de contradicciones insoportables. Según datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) más de 783 millones de personas en el mundo padecen hambre crónica. Al mismo tiempo, el mundo desperdicia cerca del 17% de los alimentos que produce, y más de un tercio se pierde antes de llegar a los consumidores. Es decir, puede haber comida suficiente para todos, pero no voluntad suficiente para todos.

El respeto no se negocia
Conchi Basilio. 25.07.25 Ampliar
En un mundo cada vez más interconectado, pero paradójicamente más dividido, el respeto parece haberse convertido en una palabra vacía, en un eco lejano de lo que alguna vez fue la base de la convivencia humana. Hoy, las diferencias políticas, culturales, religiosas o ideológicas, ya no se interpretan como riqueza, sino como amenaza. Se descalifica con rapidez, se insulta sin filtros, y se señala al otro con la dureza del prejuicio. Lo que se pierde en ese proceso es lo más esencial, la dignidad del ser humano.
Uno de los ejemplos más claros y dolorosos de esta pérdida de respeto es el trato que reciben los migrantes. En muchos países, personas que han dejado atrás su tierra, su idioma y hasta a sus familias, en busca de una vida mejor o simplemente de una vida posible, son recibidas con desprecio, sospecha o directamente con hostilidad. Se les acusa de invadir, de quitar trabajo, de alterar “lo nuestro”, como si buscar refugio, seguridad o esperanza fuera un delito.

El espejismo del dominio
Conchi Basilio. 23.07.25 Ampliar
Cuando el egoísmo y la avaricia gobiernan el mundo, aplastan a los más débiles sin pensar que, al morir, no se llevaran nada. En un mundo donde el poder, el dinero y la influencia parecen ser los únicos lenguajes reconocidos, el egoísmo y la avaricia se han convertido en motores silenciosos, pero devastadores, de nuestras sociedades. Se admira al que domina, al que impone, al que gana a cualquier precio. Se justifica la injusticia con la excusa de la eficiencia y se permite la crueldad como si fuera un signo de inteligencia.
Hay personas, y no pocas, que pretenden controlarlo todo, desde sus entornos más cercanos hasta sistemas políticos, mercados, medios, culturas y territorios. No se conforman con tener, sino que buscan que los demás no tengan. No aspiran a compartir, sino a aplastar. Ven en cada diferencia una amenaza, en cada disidencia una ofensa. Y en su camino hacia lo más alto, no miran hacia abajo, dejan cuerpos, dignidades y derechos sepultados en silencio.

La violencia invisible
Conchi Basilio. 18.07.25 Ampliar
En el imaginario colectivo, la violencia es algo que sucede “fuera”, en las calles, en las noticias, en las guerras, en los crímenes. Nos han enseñado a identificarla en lo visible, en el golpe, en el grito, en la amenaza. Pero hay otras formas de violencia que no se oyen ni se ven, y que por eso mismo son más difíciles de reconocer y mucho más dañinas. La violencia invisible, la que se ejerce en silencio, desde el egoísmo, el desprecio, la injusticia o la indiferencia, es tan real como la física, y más frecuente de lo que se admite. Y a menudo, lo más devastador es que sucede dentro del núcleo que debería protegernos, la familia.
La violencia silenciosa se esconde tras gestos cotidianos como, la indiferencia, el juicio precipitado, la falta de empatía, el chantaje emocional, la exclusión disfrazada de “decisión familiar”. No hace falta levantar la voz ni utilizar las manos, basta con mirar hacia otro lado cuando alguien necesita apoyo, con no escuchar, con creerse una mentira sin contrastarla, con dejar que una persona sea excluida, juzgada o despreciada sin haber sido siquiera escuchada, pero tampoco se molestan ni en preguntar absolutamente nada.
Este tipo de violencia no deja hematomas, pero deja huellas en el alma. Daña la autoestima, quiebra la confianza, rompe vínculos que deberían ser incondicionales. 
Y lo peor, muchas veces se justifica. Se presenta como “es lo mejor para todos”, como “una elección necesaria”, como “asuntos que no se pueden hablar ni comentar”.


El poder invisible de la música
Conchi Basilio. 15.07.25 Ampliar
Es invisible, intangible y, sin embargo, nos atraviesa por completo. Puede cambiarnos el humor en cuestión de segundos, hacernos llorar sin motivo aparente, evocarnos un recuerdo lejano o unirnos a desconocidos en un mismo latido. La música es mucho más que una forma de entretenimiento, es una fuerza capaz de modificar nuestro estado físico, emocional, mental y hasta social. A veces sin que siquiera lo notemos.
La ciencia ha empezado a confirmar lo que intuimos desde siempre. Escuchar música, especialmente la que nos gusta, activa en el cerebro regiones vinculadas al placer, la memoria, el aprendizaje y la emoción. La dopamina, neurotransmisor relacionado con la felicidad, se dispara con nuestros temas favoritos. La música clásica o instrumental puede reducir el cortisol, la hormona del estrés, y producir una sensación de bienestar que actúa como una medicina sin efectos secundarios.

España no puede retroceder
Conchi Basilio. 11.07.25 Ampliar
En un país como España, donde la política se ha convertido en un espectáculo de desgaste constante, donde los grandes partidos se anulan mutuamente en una guerra de trincheras, los trabajadores, quienes sostienen día a día el funcionamiento real de la nación, enfrentan una encrucijada cuando lleguen las nuevas elecciones, votar no para elegir a los mejores, sino para evitar a los peores.
La desafección es comprensible. La corrupción no distingue colores. La falta de compromiso social es transversal. Pero por más legítimo que sea el hartazgo, hay algo aún más peligroso, el retroceso, y de eso ya tenemos ejemplos cercanos.
Durante años, los pensionistas vieron cómo sus ingresos se ajustaban por debajo del coste real de la vida. Entre 2013 y 2017, con la aplicación del índice de revalorización del 0,25%, se perdió mucho poder adquisitivo frente a la inflación. Hoy, el sistema ha cambiado, las pensiones se revalorizan conforme al IPC medio, “pero siempre aplicado sobre el bruto, no el líquido a cobrar”.
Pero esta subida no es un regalo, es el resultado de una reforma pactada, de presión ciudadana y de una visión que puede desaparecer si vuelve al poder una orientación política que defiende una fórmula regresiva.

Opinar sin saber
Conchi Basilio. 08.07.25 Ampliar
Vivimos en tiempos extraños, nunca ha sido tan fácil opinar, y nunca ha costado tan poco destruir. En redes sociales, en grupos de WhatsApp, en conversaciones de café, se lanzan juicios como si fueran verdades absolutas. Y lo más doloroso no es solo ser criticado, sino serlo sin que nadie se haya molestado en preguntar.
¿Cuántas vidas se han torcido por la maledicencia? ¿Cuántas decisiones personales dolorosas, meditadas, íntimas, han sido distorsionadas sin el menor rigor, sin empatía, sin tan siquiera preguntar? La respuesta es, demasiadas.
Un estudio del Instituto de Psicología Social Aplicada de la Universidad Complutense (2023) concluyó que 7 de cada 10 personas han sufrido consecuencias negativas importantes en su vida personal o profesional por rumores o interpretaciones erróneas difundidas sin contrastar. Más aún, el 62% reconocía que quienes los juzgaron “nunca les preguntaron directamente qué había ocurrido”.

'Se vende el Mundo a buen precio'
Conchi Basilio. 05.07.25 Ampliar
“El poder y el dinero todo lo corrompe”. Esta afirmación, que podría parecer una sentencia amarga o una exageración pesimista, se revela cada vez más como una radiografía certera del tiempo que habitamos. Nunca antes habíamos tenido tantos recursos tecnológicos, tanto conocimiento científico, tantas herramientas para construir un mundo justo y sostenible. Y, sin embargo, el presente se parece más a una distopía en cámara lenta que a un avance hacia la equidad y la paz. ¿Por qué? Porque el poder y el dinero, cuando no se subordinan al bien común, lo devoran todo. Vivimos en una era de hiperconectividad donde los titulares cambian cada hora, pero las tragedias de fondo persisten. Mientras las cumbres internacionales hablan de sostenibilidad, los grandes capitales siguen extrayendo recursos sin freno, desforestando, contaminando, desplazando pueblos enteros. ¿Qué peso tienen las palabras cuando el dinero dicta las políticas y las multinacionales escriben, entre bastidores, las leyes?

España no admite amenazas
Conchi Basilio. 01.07.25 Ampliar
La reciente exigencia de Donald Trump de que los países de la OTAN eleven su gasto militar hasta el 5% del PIB no es solo una propuesta desproporcionada, es un intento de imponer un modelo unilateral que ignora las realidades sociales, económicas y políticas de sus aliados. Entre ellos, España, que con firmeza democrática ha respondido que no está dispuesta a sacrificar su Estado del bienestar para complacer caprichos ajenos a su soberanía.
Trump, en su conocida retórica agresiva, ha vuelto a utilizar la alianza atlántica como una herramienta de presión geopolítica. Desde hace años insiste en que sus socios “no aportan lo suficiente” y ha llegado a amenazar con retirar el apoyo de EE.UU. a los países que, según él, no cumplen con sus “obligaciones”. Pero ¿desde cuándo la solidaridad entre naciones se mide con ultimátum?
Actualmente, España estaba destinando aproximadamente un 1,28% de su PIB al presupuesto de defensa, en este año 2025 va intentar llegar al 2%, algo que estaba marcado hasta 2029, como parte del compromiso colectivo que habían establecido todos los países aliados. Este objetivo ya supone un esfuerzo presupuestario considerable, más de 10.000 millones de euros, a pesar de la falta de presupuesto que se necesita en sanidad pública, educación, vivienda etc. ¿de dónde van a salir todos esos millones?

¿Qué futuro les dejamos?
Conchi Basilio. 27.06.25 Ampliar
Atravesamos tiempos extraños. El progreso tecnológico avanza a un ritmo vertiginoso, pero el alma del mundo parece agotada. Se habla de inteligencia artificial, de exploración espacial, de nuevas formas de energía, pero cada día mueren miles de personas por causas evitables, y la Tierra, nuestro único hogar, está al borde del colapso. En medio de esta contradicción brutal, muchos nos hacemos la misma pregunta, ¿qué futuro les dejamos a nuestros hijos? ¿qué mundo heredarán quienes aún no han nacido?
No basta con sobrevivir. La vida no es una línea de producción. El ser humano no ha venido a este planeta a destruirlo en nombre del beneficio. Pero la lógica del sistema actual, acelerada, extractiva, cortoplacista, convierte la naturaleza en mercancía, la cultura en entretenimiento fugaz y el pensamiento en eslóganes. ¿Cómo enseñar a las próximas generaciones a amar un mundo que nosotros no supimos cuidar?
No es pesimismo, es realidad. El cambio climático ya no es una amenaza, sino una evidencia que golpea con incendios, sequías, tormentas o migraciones forzadas. Los océanos se ahogan en plástico. Las abejas desaparecen. Los glaciares se funden. 

Diplomacia o destrucción
Conchi Basilio. 24.06.25 Ampliar
Estamos entrando en tiempos en los que la palabra paz se pronuncia con más facilidad que se practica. No faltan quienes, antes de llegar al poder, aseguran que no iniciarán nuevas guerras, que pondrán fin a las ya existentes, que tenderán puentes en lugar de cavar trincheras. Promesas que, una vez alcanzadas las altas esferas, se diluyen entre intereses y el deseo, a menudo mal disimulado, de dejar una huella de fuerza en el tablero internacional.
Pero gobernar no debería ser una demostración de poder, sino un ejercicio de responsabilidad. En un mundo lleno de desafíos comunes, crisis climática, pobreza, desplazamientos forzosos, inseguridad alimentaria, nada resulta más irresponsable que agitar las brasas de un conflicto armado. Y, sin embargo, cada cierto tiempo, vuelve a asomar la tentación de “resolver” los problemas por la vía de la imposición, la amenaza o el ataque preventivo. Se insiste en que es por seguridad, por defensa propia, por proteger intereses vitales. Palabras que, aunque se repitan con solemnidad, no logran ocultar el desastre que toda guerra trae consigo.

Todos pagamos la corrupción
Conchi Basilio. 20.06.25 Ampliar
En España, la corrupción no es una anécdota, ni un error puntal, ni un asunto exclusivo de “unos pocos”. Es un sistema, una maquinaria silenciosa y eficaz que se alimenta del oportunismo, la impunidad y la falta de voluntad real para extirparla. No importa el color del partido, ni el cargo que se ostente, los corruptos y los corruptores se entienden entre ellos, porque hablan el mismo idioma. Y mientras ellos se reparten el poder, los privilegios y las prebendas, los ciudadanos seguimos pagando la factura.
La indignación no puede ser selectiva, no se trata de señalar con el dedo a uno u otro partido, porque cuando la corrupción se convierte en cultura política, en método de funcionamiento, lo que se evidencia no solo es la podredumbre de ciertos individuos, sino la descomposición del sistema en su conjunto. Gobierne quien gobierne, siempre hay un caso más, una red más, una mordida más.

El mundo se está volviendo loco
Conchi Basilio. 17.06.25 Ampliar
Vivimos tiempos en los que la realidad parece un mal sueño, una parodia grotesca que se empeña en superarse cada día. El mundo, sí, se está volviendo loco. Los síntomas están por todas partes, y uno de los más evidentes es la figura, cada vez más desbocada, de Donald Trump. Como si no hubiera aprendido nada de su primer mandato, ahora redobla sus ataques contra los inmigrantes, esos mismos que sostienen gran parte de la economía estadounidense desde los cimientos.
¿Quién recoge los cultivos, cuida de los ancianos, construye las casas y atiende las cocinas? ¿Quién mantiene en pie, con jornadas interminables y salarios míseros, el músculo laboral de un país que presume de grandeza?
La última estadística del Pew Research Center muestra que los inmigrantes representan cerca del 20% de toda la fuerza laboral en Estados Unidos. En sectores como la agricultura, la construcción o el cuidado personal, ese porcentaje se dispara. Pero eso no parece importarle a Trump, que ha hecho de la xenofobia un estandarte electoral. Lo suyo no es política, es obsesión.
Promesas de deportaciones masivas, leyes que vulneran derechos humanos básicos, discursos plagados de odio que normalizan el racismo más burdo. Para él, todo vale si sirve a su causa personal de recuperar el poder.

Entre farsas y cenizas
Conchi Basilio. 13.06.25 Ampliar
Ya no se cree en nada. Ni en los discursos, ni en los partidos, ni en las promesas que se repiten como mantras huecos, cada vez que hay elecciones. España vive una desilusión profunda, una especie de hartazgo cívico que se ha incrustado en el ánimo colectivo, como una llaga que no cicatriza. Y no es para menos.
Vivimos bajo una lluvia constante de titulares que se contradicen entre sí. Un día hay una trama de corrupción, al siguiente se desmiente, luego se reactiva, después desaparece y nadie vuelve a hablar de ella. La justicia avanza a trompicones, los medios manipulan según convenga a su línea editorial y los políticos usan la confusión como estrategia. Todo vale si sirve para mantenerse en el poder o para tumbar al adversario.
La información ya no informa, intoxica. Es difícil distinguir qué es cierto y qué no, porque todo parece un juego de sombras. Se filtran informes, se sueltan globos sonda, se crean narrativas que luego se abandonan, como quien tira una colilla por la ventanilla. La verdad ha dejado de ser un objeto común para convertirse en un arma de guerra política. Y en medio de este fuego cruzado estamos los ciudadanos, agotados, desconcertados, abandonados.

Cambio climático y salud
Conchi Basilio. 10.06.25 Ampliar
El cambio climático no es solo una amenaza ambiental, también se ha convertido en una emergencia sanitaria global. El aumento de las temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos y la alteración de los ecosistemas están afectando directamente la salud humana. Enfermedades que antes eran propias de regiones tropicales están llegando a zonas templadas, y el número de personas vulnerables crece cada año.
Las olas de calor son, con diferencia, el fenómeno climático más mortífero en Europa. Solo en 2023 se registraron más de 47.000 muertes atribuibles al calor extremo, según un estudio publicado por El País en colaboración con el proyecto europeo EUROHEAT. España fue uno de los países más afectados, con más de 8.300 fallecimientos.

Las migas del ladrillo
Conchi Basilio. 06.06.25 Ampliar
En un país donde el acceso a la vivienda se ha convertido en un drama silencioso para millones de ciudadanos, el reciente anuncio de una inversión de 7.000 millones de euros por parte del Gobierno y las comunidades autónomas para construir vivienda de protección oficial o viviendas sociales, ha sido recibido con un bombo que poco tiene que ver con la realidad. El titular es rimbombante, pero el contenido, si uno se molesta en hacer números, resulta decepcionante, una miga de pan en un banquete al que, desde hace décadas, solo se sientan promotores, fondos buitre y rentistas.
Hoy en España, según diversas estimaciones, incluyendo las de organismos independientes, faltan más de 600.000 viviendas de protección pública para responder a las necesidades reales de los jóvenes, de las familias trabajadoras, de quienes han siso expulsados del mercado del alquiler por sueldos precarios o hipotecas asfixiantes. A una media de 120.000 euros por vivienda, construir ese volumen de vivienda social requeriría una inversión cercana a 72.000 millones de euros. Sí, setenta y dos mil millones. No siete mil.
La diferencia es abismal, lo que se ha anunciado no llega ni al 10% de lo necesario. Con esos 7.000 millones, como mucho, se podrían levantar unas 58.000 viviendas. Si la cifra no indigna de por sí, basta con cruzar un par de datos. España lleva décadas sin una política pública de vivienda estructural y masiva, y ahora se intenta vender como ambiciosa una partida presupuestaria que solo cubre una fracción de déficit habitacional. Una limosna institucional frente a un problema estructural.

Enfermedades óseas degenerativas
Conchi Basilio. 03.06.25 Ampliar
Millones de personas conviven cada día con enfermedades óseas que no tienen cura ni opción quirúrgica. La medicina actual, lejos de ofrecer soluciones, responde con silencio, pastillas y resignación.
En un tiempo donde se celebran avances en cirugía robótica, medicina de precisión y terapias celulares, resulta sorprendente el abandono que sufren quienes padecen enfermedades óseas degenerativas no operables. A ellos no se les promete curación ni mejora, solo se les repite una frase que se convierte en una losa, “es degenerativo”, no tiene arreglo.
La bursitis anserina, la artrosis avanzada, la osteoporosis severa o las tendinopatías crónicas son diagnósticos habituales en consultas de traumatología. Cuando no existe una rotura o daño estructural corregible, el paciente queda fuera del circuito quirúrgico. Y con demasiada frecuencia, también fuera del circuito asistencial. La respuesta médica suele limitarse a fármacos para aliviar el dolor, antiinflamatorios, analgésicos, relajantes musculares o incluso mórficos en fases avanzadas. Pero no hay un plan integral, ni una propuesta de tratamiento rehabilitador sostenido, ni una verdadera estrategia para mejorar la calidad de vida de estas personas.

La trampa de la lengua
Conchi Basilio. 30.05.25 Ampliar
En los últimos tiempos, asistimos a una ofensiva política, orquestada principalmente, desde los sectores independentistas catalanes, que persiguen un objetivo muy concreto: lograr que el catalán sea reconocido como lengua oficial de la Unión Europea. Bajo el pretexto de proteger la diversidad lingüística y promover los derechos culturales, se esconde, sin embargo, una estrategia de fondo mucho más profunda, afianzar un relato identitario que busca desligar al catalán y por extensión a Cataluña del conjunto de España.
Este intento no es nuevo, pero ha cobrado fuerza en el contexto de las negociaciones políticas recientes, donde los votos de los partidos nacionalistas, se han vuelto clave para la gobernabilidad en España. Como moneda de cambio, se ha introducido con fuerza la reivindicación de que el catalán tenga en Bruselas el mismo estatus que el francés, el alemán o el italiano. Y, sin embargo, esta petición, más allá de lo simbólico,  plantea serias dudas de orden político, jurídico y económico.
Porque no debemos olvidar una realidad incontestable, el único idioma oficial del Estado español, y el único de uso obligatorio para todos los ciudadanos, es el castellano. Así lo establece con claridad la Constitución Española en su artículo 3. Las demás lenguas, como el catalán, el gallego o el euskera, son cooficiales en su respectivas comunidades autónomas, pero no tienen ni pueden tener ese mismo estatus a nivel estatal o europeo sin alterar el equilibrio constitucional.

Inmigración
Conchi Basilio. 29.05.25 Ampliar
La inmigración es un fenómeno complejo que responde a múltiples factores, desde conflictos armados hasta crisis económicas. En la actualidad, las políticas migratorias, como las impulsadas por Donald Trump, generan debates sobre su eficacia y consecuencias diversas. Además, países como España enfrentan desafíos demográficos que podrían beneficiarse de una inmigración regulada.
Millones de personas abandonan sus países debido a conflictos, persecuciones y crisis humanitarias. Según datos recientes, en 2024 se registraron 110 millones de desplazados forzosos en todo el mundo. Las causas principales incluyen, guerras y conflictos, como Siria, Ucrania y partes de África obligan a huir a millones de personas. Crisis económicas y pobreza extrema, en países de América Latina y África, la falta de oportunidades impulsa la migración. También sequias y desastres naturales desplazan a comunidades enteras.


El eco del egoismo
Conchi Basilio. 23.05.25 Ampliar
En un mundo que presume de avances sociales, tecnológicos y morales, hay un virus antiguo que sigue latiendo bajo la superficie, “el egoísmo”. No se trata de una simple preferencia por uno mismo, sino de una actitud enquistada que se manifiesta, con demasiada frecuencia, en la avaricia y la indiferencia hacia quienes solo aspiran a algo tan básico como vivir con dignidad.
El egoísmo más corrosivo no es siempre el que se grita, sino el que se ejerce en silencio, en las decisiones frías de un despacho, en los salarios humillantes disfrazados de oportunidad, en las puertas que se cierran a quienes no tienen apellidos ilustres, padrinos invisibles o suerte heredada. Mientras unos pocos acumulan sin medida, muchos se conforman con apenas sostenerse. Y no por falta de talento, esfuerzo o voluntad, sino porque la estructura está diseñada para premiar la codicia más que la justicia.

La entrega silenciosa de toda una vida
Conchi Basilio. 20.05.25 Ampliar
A menudo, en el tejido invisible de las familias, existe una figura discreta, la persona que, durante años, se ha dedicado a cuidar de todos, postergando sus propios sueños, su salud y su bienestar. Mientras otros miembros del entorno familiar elegían vivir sus propias vidas, sin asumir responsabilidades, esta figura silenciosa sostenía a los demás, día tras día, sin pedir nada a cambio.
Cuidar de los seres queridos es una labor invisible, no remunerada, pocas veces reconocida y casi siempre agotadora. Implica no sólo atender necesidades físicas, sino ofrecer apoyo emocional e incluso monetario, ser el sostén de crisis silenciosas, y mantenerse firme en medio de tempestades que, para otros, pasan desapercibidas. Esta dedicación, que muchas veces ocupa décadas, suele ser tomada por el entorno como algo natural, como una obligación tácita que no merece gratitud ni reconocimiento ninguno.


Cuándo la vanidad disfraza la humildad
Conchi Basilio. 16.05.25 Ampliar
En un tiempo donde lo que se aparenta muchas veces vale más que lo que se es, hay quienes han hecho del estatus su escudo, del apellido su bandera y del dinero un pedestal desde el que miran al resto, como si el mundo fuese un teatro de castas en el que ellos, por supuesto, ocupan siempre el primer plano. Es el culto a la vanidad, esa enfermedad silenciosa del alma que disfraza la humildad de altivez, y que transforma a algunos en actores permanentes de una obra donde lo importante no es ser, sino parecer.
No es extraño ver cómo ciertas personas, una vez alcanzado cierto nivel de confort económico, sienten la necesidad de diferenciarse del resto, no por sus valores ni por su forma de actuar, sino por el artificio. Recuperan con orgullo un apellido doble, desempolvado de un linaje de atrás, que quizá ni ellos mismos comprenden. Reordenan los nombres, invierten el orden tradicional del registro civil y se colocan el “de” como si fuesen parte de una novela decimonónica. Suena, sin duda, más aristocrático que el simple fulano Pérez o Fernández, como si el abolengo se pudiese injertar, como si el barniz del nombre bastase para elevarlos por encima del común de los mortales.

Vivir con fibromialgia
Conchi Basilio. 12.05.25 Ampliar
La fibromialgia es un trastorno crónico, caracterizado principalmente por dolor musculoesquelético generalizado, acompañado de fatiga, trastornos del sueño, problemas de memoria, y en algunos casos síntomas de ansiedad o depresión, pero no en todas las personas. Afecta más a las mujeres que a los hombres y suele aparecer cerca de los 30 y los 50 años, aunque también puede manifestarse a cualquier edad, según algunos investigadores, los cierto es que no se sabe a ciencia cierta, una regla generalizada. Del mismo modo que, aún no se conoce su causa, tampoco su tratamiento, todo son simples conjeturas y depende mucho del tipo de paciente y su forma de afrontar las cosas, porque cada persona es distinta en la forma de enfrentar esta enfermedad.

Cuando la madurez se convierte en arte
Conchi Basilio. 09.05.25 Ampliar
Vivimos en una sociedad que venera la juventud hasta la idolatría, mientras relega a la madurez a un rincón de invisibilidad. A medida     que el calendario avanza, parece que los logros personales y profesionales se devalúan, como si la capacidad de crear, innovar o disfrutar de la vida tuviera fecha de caducidad. Sin embargo, la realidad demuestra lo contrario, la verdadera riqueza humana florece en la experiencia, y es en la madurez donde alcanzamos nuestra cumbre personal.
La adaptación a los cambios tecnológicos suele ser un argumento recurrente para medir el valor de los mayores. Pero, este enfoque es reduccionista. No solo se trata de aprender a usar un nuevo dispositivo o de moverse por el mundo digital, que muchos mayores hacen con admirable determinación. El verdadero capital de quienes han vivido más de medio siglo no se mide en su destreza tecnológica, sino en su sabiduría profunda, una comprensión de la vida que sólo los años pueden otorgar.

Escribir y opinar desde el respeto
Conchi Basilio. 08.05.25 Ampliar
En una sociedad libre, el mayor patrimonio que posee un ciudadano no es material, sino simbólico, su voz. Su capacidad para pensar, expresarse, disentir, señalar lo que duele o lo que falta. Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a decirle a otro qué puede o no puede escribir, qué temas abordar, o a qué causa entregarle su palabra. La libertad de expresión no es un privilegio, es un derecho. Y cuando alguien alza la voz para hablar de lo que le preocupa, no solo ejerce ese derecho, cumple con una responsabilidad cívica.


Beneficios ingentes y deshumanización
Conchi Basilio. 05.05.25 Ampliar
En los últimos quince años, la banca española ha cambiado tanto que muchos ciudadanos ya no la reconocen. Ya no hay trato cercano, ni oficinas de barrio, ni libreta que se actualice con el saldo, de quien conoce tu nombre. Ahora, cada vez que cruzamos la puerta de un banco (si es que aún queda uno cerca), sentimos que estamos molestando, como si lo gratuito, lo humano o lo sencillo fueran cosas del pasado, y quizás lo son.
Desde la crisis financiera de 2007 y el estadillo de la burbuja inmobiliaria, más de 40 entidades bancarias han desaparecido en España, absorbidas por fusiones impulsadas por el mercado y, en muchos casos, por la presión del Banco Central Europeo y el Estado. Cajas de ahorro históricas como, la CAM, Caja Madrid, Caixa Galicia, o Caja Castilla- La Mancha pasaron a mejor vida, dejando tras de sí más de 100.000 trabajadores despedidos y cerca de 25.000 oficinas cerradas según datos del Banco de España.

Un país a oscuras y una evidencia luminosa
Conchi Basilio. 02.05.25 Ampliar
El lunes 28 de abril de 2025 pasará a la historia como, el día en que toda la península Ibérica se quedó sin luz y parte del sur de Francia. A las 12.33 del medio día, sin previo aviso, la red eléctrica que abastece a más de 60 millones de personas en España, Portugal y Andorra colapsó de forma repentina. Fue un apagón generalizado que duró horas, afectó a infraestructuras críticas y paralizó todo. Pero más allá de la anécdota energética, el suceso dejó al descubierto algo más grave, la fragilidad estructural de un país que no invierte en lo que más necesita.
Todo comenzó con una desconexión súbita de la red ibérica respecto a la red europea. Se perdieron 15 gigavatios de potencia, el 60% de la demanda eléctrica en ese momento, en cuestión de segundos. La causa, según fuentes técnicas, fue un desequilibrio entre la oferta y la demanda que desató una reacción en cadena en todo el sistema interconectado.

El cónclave y sus silencios
Conchi Basilio. 28.04.25 Ampliar
La salud de Papa Francisco, marcada en los últimos años por intervenciones quirúrgicas y visibles signos de fragilidad, ha reactivado un viejo reflejo dentro y fuera de los muros vaticanos, especular sobre el futuro del papado. Sin embargo, como tantas veces ha ocurrido en la historia de la iglesia, lo que se comenta con insistencia suele alejarse bastante de lo que realmente sucede en la Capilla Sixtina cuando las puertas se cierran.
Francisco, que ha roto moldes desde su elección en 2013, no es solo el primer Papa jesuita y latinoamericano, sino también el primer pontífice moderno que ha planteado abiertamente la posibilidad de renunciar, como hizo Benedicto XVI, si su salud se lo impedía, pero ha seguido hasta el final de su vida.
Francisco ha creado más del 70% de los cardenales electores, es decir, aquellos menores de 80 años que tendrían voz y voto en el próximo cónclave. 
Esto, en principio, permitiría suponer que el próximo Papa será alguien afín a su visión pastoral, centrada en la misericordia, la descentralización del poder eclesial y la opción preferencial por los pobres. Pero los antecedentes nos invitan a la cautela, la historia del papado está llena de elecciones inesperadas, giros sorpresivos y consensos que solo se forjan en las largas y a menudo tensas deliberaciones del cónclave.

Tolerancia en tiempos de cristales rotos
Conchi Basilio. 25.04.25 Ampliar
Vivimos tiempos delicados. No porque el mundo esté más violento o más injusto que antes, eso sería debatible, sino porque nuestras pieles, en muchos casos, se han vuelto tan finas que la más leve fricción nos sangra. Hemos confundido la dignidad con el orgullo, el respeto con la sumisión ajena, la libertad de expresión con la exigencia de que todos digan lo que queremos oír. Y en esa confusión, peligrosa y silenciosa, se pierde algo esencial, la tolerancia.
La tolerancia no es aceptar lo que nos gusta, ni tampoco ceder ante lo que nos incomoda. Es algo mucho más profundo, la capacidad de convivir con lo distinto sin desear destruirlo. Pero hoy, muchos practican una tolerancia selectiva. Se exige ser comprendido, respetado, escuchado, pero se olvida que ese mismo derecho lo tienen los otros, incluso cuando piensan diferente, cuando dicen cosas que no nos agradan, cuando nos hacen cuestionar nuestras certezas.
La falta de empatía se ha normalizado. En un mundo interconectado, donde las redes sociales multiplican las voces, debería haber más comprensión y “si no piensas como yo, estás contra mí”. Se nos ha olvidado el arte de escuchar sin necesidad de asentir, de disentir sin agredir, de convivir sin uniformidad.


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